| Iván Martín | |||||
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| “Es
como si la armonía eterna conversara consigo misma, algo parecido
a lo que debió ocurrir en las entrañas de Dios poco antes
de crear el mundo”. (Johann Wolfgang von Goethe, al oír las composiciones para órgano de Bach.) En: Karl GEIRINGER (1954): La familia de los Bach. Johann Sebastian Bach (Eisenach, 21 de marzo de 1685- Leipzig, 28 de julio de 1750), se formó en la doble tradición del medio musical local de Turingia y del de su propia familia, y fue receptor de las influencias musicales procedentes de otros países estudiando sus obras, frecuentemente mediante la copia y la transcripción para otros ensembles e instrumentos, con el objetivo de perfeccionarse y extraer todas sus posibilidades de composición. Frescobaldi se convirtió en el maestro italiano más antiguo que le sirvió de ejemplo, cuyas Fiori Musicali copió en su totalidad. Destacan también Legrenzi, Albinoni, Corelli, Caldara, Marcello y Vivaldi de quien transcribiría para cuatro claves su célebre Concierto para cuatro violines Op.3 No.10. Entre los maestros franceses se encuentran D´Anglebert, Couperin Dieupart y Marchand y entre los alemanes Froberger, Reinken, Pachelbel, Haendel, Telemann, Graupner y Buxtehude por citar sólo algunos. Así, el estilo alemán, encabezado por Bach y reconocido universalmente como el tercero de los estilos nacionales, logró asimilar y enriquecer las formas utilizadas por italianos y franceses adaptándolas al rico lenguaje armónico y contrapuntístico germano. En este marco, el valor de Bach como gran experto en fuga y en el estilo severo y como fuente suprema de la sabiduría del contrapunto, quedó reflejado en la expresión de Beethoven quien se refirió a él como “padre de la armonía”. Pero Bach no fue sólo una referencia teórica y técnica, ya que tuvo una gran aceptación entre los que entendían la música sobre todo como una expresión subjetiva y entre los que defendían la estética de la sensibilidad y del sentimiento (Empfindsamkeit), como es el caso de C. P. E. Bach, Reichardt y Schubart. Éste último, durante sus años de cárcel en el castillo de Hohenasperg cuando era todo un símbolo de resistencia patriótica frente a la tiranía, exaltó en sus escritos la figura de Bach como el “Orfeo alemán”, siguiendo los pasos de una anterior glorificación del compositor que ya había sido comparado con Homero, Virgilio y Shakespeare. La predilección de Bach por los instrumentos de tecla fue resultado de una evolución natural surgida de la tendencia contrapuntística de la música alemana que incluso llegó al violín, instrumento casi inadecuado para una ejecución polifónica. Las ciudades de Arnstadt, Weimar y Mühlhaussen marcaron los primeros pasos de su carrera, siendo el período en la corte de Cöthen (1717-1723) como maestro de capilla y director de Música de Cámara, uno de los más prolíficos. Su Concierto para violín y orquesta de cuerdas en La m BWV 1041, compuesto en 1717, es uno de los más claros ejemplos de la forma concierto adoptada de Vivaldi. Combina una textura fugada y contrapuntística que contrasta con las secciones a solo y en cuya cadencia Bach hace uso de la técnica conocida como bariolage, alternando de una forma rápida y efectiva las notas obtenidas mediante cuerdas pisadas y al aire. Los Conciertos para clave y orquesta de cuerdas BWV 1052 a 1058 muestran el problema de la fecha real de su composición, ya que en muy pocas ocasiones en las versiones autógrafas y manuscritos quedaba consignada. Sin embargo, las versiones más antiguas que se han encontrado presentan juntos los siete conciertos, asignando los años 1730, 1741 y 1742 como fechas de composición de los Conciertos BWV 1052, 1055 y 1056 respectivamente. En todo caso, se puede afirmar que se trata de una copia y que pertenecen a un período anterior que coincide con los años de su estancia en Cöthen; años en los que la orquesta de la corte era muy conocida por la calidad tanto de sus instrumentos como de sus intérpretes, participando en ella el príncipe o incluso el propio Bach al violín o a la viola. Su trascendencia en siglos posteriores está atestiguada: se sabe que Mendelssohn disfrutaba interpretando el Concierto para clave y orquesta de cuerdas en Re m BWV 1052, y que Schumann llegó a considerarlo como una absoluta obra maestra del género por la brillantez y plenitud de su parte solista. Dicho concierto, posiblemente, se trate de la adaptación de un concierto para violín hoy perdido, también en Re m, (como ocurre con el Concierto para violín y orquesta de cuerdas en Mi M BWV 1042 que se convierte en el Concierto para clave y orquesta de cuerdas en Re M BWV 1054), y del que se ha podido elaborar una reconstrucción del original perdido publicada por la Neue Bach Ausgabe. Aunque una vez pasados al clave, sus tres movimientos fueron utilizados de nuevo en las Cantatas BWV 146 y 188 en 1726 y 1728, siendo la partitura del órgano obligado idéntica a la del clave solista. Así mismo ocurre con los Conciertos BWV 1055 y 1056 que proceden de conciertos perdidos para oboe de amor y oboe o violín, respectivamente. En cualquier caso, los tres conciertos para clave que aquí se presentan están cargados de la plasticidad barroca, con frases vigorosas y de una gran densidad polifónica que dan cuenta de su poderosa carga dramática y expresiva. La obra de Bach enlaza con una tradición que se remonta al Humanismo y al concepto de opus perfectum de Josquin des Prez y Palestrina (tradición que el propio Bach conoció desde su juventud). El valor ahora reside en la proyección estética de esta música del pasado en el ámbito moderno de la institución social del concierto, una práctica que Bach consolidó en sus años de director del Collegium Musicum: “...Los participantes en estos conciertos son la mayoría estudiantes de aquí, entre los que hay siempre buenos músicos, de forma que a menudo, como es conocido, surgen de entre ellos algunos que serán más tarde célebres virtuosos. Cada músico cuenta con la posibilidad de dejarse oír en público y frecuentemente hay también oyentes que saben apreciar el valor de un músico capaz.”[L. Mizler, Musikalische Bibliothek – Leipzig, octubre de 1736 II/387]. Cabe decir que la obra
de Bach es la mejor muestra de que la interpretación musical
creativa es un hecho fascinante por cuanto que contiene las claves
que permiten transitar por la Historia de la Música y su evolución. |
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